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"He aprendido a relajarme y a utilizar la respiración para superar situaciones adversas"
"Aprender la posibilidad de centrarse en lo que haces en cada momento"
"Ahora soy más amable conmigo mismo y con los demás"
"Veo la vida de otro modo, como con más luz e intensidad"
"Ya no me dejo arrastrar por  los pensamientos y emociones como me ocurría antes"

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había hecho en años"

Padres Conscientes = Educación Consciente.

 

Muchos nos vemos desbordados por la llegada a este mundo de los seres que pronto se convertirán en el centro de nuestras vidas. Ser padre/madre no se aprende en un libro (aunque hay algunos buenos), nos guiamos por cómo nosotros fuimos criados y por lo que oímos y vemos a nuestro alrededor… es quizá por eso que tantas veces nos sentimos perdidos en esta increíble e intensa tarea de la educación de los hijos.

 

La práctica de Mindfulness no nos da pautas y reglas a seguir, pero sí nos abre los ojos a cómo estamos educando a nuestros hijos y nos permite decidir cómo queremos educarlos de manera consciente, y no heredada, prestada o llena de automatismos. Nos lleva a ser padres conscientes de sus actos y responsabilidades, atentos a las necesidades del niño, flexibles y muy importante, mostrando empatía y compasión ante todas las situaciones.

 

El concepto de Mindfulness o Atención Plena es claro. En palabras de Jon Kabat-Zinn, quien trajo el Mindfulness a Occidente a través de la medecina : ¨Se trata de prestar atención al momento presente, a propósito, sin juicios¨. Esto parece sencillo, y lo es, pero no es fácil.

 

En un mundo lleno de pantallas, teléfonos y distracciones a cada momento, prestar atención resulta difícil, por no decir menos. La realidad es que la mayoría de nosotros simplemente no somos capaces de centrarnos en nada durante más de unos pocos minutos. Incluso cuando bajamos el ritmo y tomamos el tiempo suficiente para hacer una cosa a la vez, nuestras mentes están a menudo en otro sitio, preocupándose por algo que ya ha ocurrido o pensando en lo siguiente que tenemos que hacer. A menudo, nos reprendemos a nosotros mismos (o a alguien más) por hacer algo mal o nos felicitamos a nosotros mismos, orgullosos, por finalmente haberlo hecho bien. De cualquier manera, no tenemos a menudo la experiencia de simplemente estar en el momento, prestando atención a lo que está sucediendo, sin tratar de cambiar nada.

 

¿Qué mayor regalo podríamos dar a nuestros hijos que nuestra presencia, nuestra aceptación ´plena´, sean quienes sean, con lo que haya en cada momento? Todos sabemos como se siente uno en esos momentos de conexión consciente, estamos inmersos en el presente, en la experiencia de la relación. Estamos llenos de amor por nuestros hijos, y nos sentimos como buenos padres. Es verdad que es más fácil permanecer consciente cuando estamos haciendo algo divertido e interesante juntos; es mucho más difícil cuando nos sentimos enfadados, frustrados o aburridos. Sin embargo, ese es precisamente el momento en que nuestros hijos necesitan saber que estamos ahí para escucharlos, que los amamos, y que valoramos nuestra relación con ellos.